Dicen que viajar, y mas viajar en solitario, tiene fecha de caducidad. Que hay una edad en la que, por seguridad, comodidad o simplemente por ”sentido común”, deberías de colgar la mochila y quedarte en casa. Pero, ¿es realmente cierto? ¿existen límites para la aventura o la edad es solo un numero cuando se trata de explorar el mundo?
Viajando por Japón me encontré con una persona que desafía esa idea. Su historia me hizo plantearme esta pregunta y todo lo que significa viajar a cualquier edad.

Un encuentro inesperado
Era una mañana lluviosa en Kioto, de esas en las que cualquier excusa es buena para quedarse en casa. La llovizna formaba pequeños charcos en el cemento del suelo, y el aroma de la madera mojada mezclada con el frescor de las plantas llenaba el aire. Pero no soy de los que se detienen por unas cuantas gotas de agua, así que salí a explorar.
Estaba en la cola para comprar la entrada y entrar al Nijo Castle, miraba admirado las enormes puertas de madera que dan acceso al interior del recinto, cuando vi a un hombre mayor cruzando la calle a toda prisa, esquivando coches y pasando del semáforo, que en ese momento estaba en rojo para los peatones. Llevaba una mochila pequeña y tenía cara de “¿y ahora qué hago?”.
Cuando llegó a la fila y se puso unos metros más atrás, no pude evitar acercarme por que me preocupe por la situación. Primero le hablé en inglés:
—Excuse me, are you lost?
Me miró sin entender nada, balbuceó algo en español y ahí me di cuenta de que había metido la pata: ¡era de los nuestros! Cambié de idioma:
—¿Está usted bien? ¿Está perdido?
Sonrió como diciendo: “otra vez la misma historia” y respondió:
—No perdido, pero sí desorientado. Hace unos días me perdí en Tokio y tuve que quedarme en otro hotel porque no sabía cómo llegar al mío.
Papeles arrugados en lugar de mapas
Lo que me dejó loco es que no llevaba ni móvil ni mapa. Nada de tecnología. En su lugar, sacó unos papeles de publicidades, arrugados y sin ningún orden, donde tenía apuntado absolutamente todo: direcciones, sitios que quería ver, cosas ya tachadas… Un auténtico manual de supervivencia a la vieja escuela.
Nos presentamos. Se llamaba Felipe, tenía 84 años, era de Madrid y estaba viajando solo. El viaje se lo había comprado online su sobrino y llevaba ya diez días recorriendo Japón.
—Aunque te parezca raro estos papeles me ayudan a no olvidarme de nada —me dijo, mientras escribía mi nombre con pulso tembloroso en uno de ellos.
Resulta que en Tokio se le voló de las manos el papel donde tenía apuntada la dirección de su hotel. Y ahí empezó la aventura: perdido en una de las ciudades más gigantescas del mundo, sin móvil, sin mapa, sin nada.
—Por suerte, al día siguiente me llamaron desde la recepción del hotel. Me localizaron y tenía a alguien esperándome para llevarme de vuelta al mio. Yo Imagino que las personas del nuevo hotel hicieron una búsqueda con la policía y los registros que los hoteles tienen que compartir con las autoridades. —No sé cómo lo hicieron, pero estoy muy agradecido. Me comentó.
Mientras lo escuchaba, no podía dejar de pensar: 84 años, perdido en Tokio sin nada con qué comunicarse… y despues de esa odisea , aquí está, tan tranquilo.
Seguimos caminando por los jardines del Nijo Castle mientras la lluvia se intensificaba. Nos empapamos, pero a Felipe no le importaba. Estaba encantado con el momento.
—Ya no busco grandes aventuras. No necesito recorrer el mundo para encontrarme conmigo mismo. Pero me gusta perderme un poco. No todo tiene que ser perfecto. A veces, lo inesperado es lo que más disfruto.
Y ahí estaba yo, escuchándolo, pensando en lo increíble que era seguir explorando el mundo con esa actitud, a su edad.


Cuando después de unas horas juntos nos despedimos en el Palacio Imperial de Kioto, me dio la mano y me dijo algo que no olvidaré:
—Santino, nunca es tarde para descubrir algo nuevo.
Me espere en la acera y lo vi alejarse bajo la lluvia, tranquilo, con esa forma tan suya de caminar como si no tuviera nada que temer.
Consejos para trotamundos senior
Inspirado por Felipe, que me enseñó que viajar es cuestión de actitud, no de edad, aquí van algunas recomendaciones para quienes, como él, o como yo mismo, decidimos lanzarnos a recorrer el mundo sin miedo a los años:
- Elige destinos accesibles: Opta por lugares con buena infraestructura turística, transporte eficiente y servicios médicos confiables.
- Prepara un plan detallado: Haz una lista con direcciones, contactos de emergencia y horarios de transporte. Lleva copias físicas y digitales.
- Informa a alguien de confianza: Comparte tu itinerario con familiares o amigos y mantente en contacto regularmente.
- Reserva con antelación: Asegúrate alojamiento y actividades principales antes de llegar al destino para mayor comodidad.
- Lleva un teléfono móvil básico: Aunque prefieras desconectar, un móvil simple puede ser invaluable en emergencias.
- Contrata un seguro de viaje: Escoge una cobertura que incluya asistencia médica, pérdida de equipaje y cancelaciones.
- Viaja ligero: Lleva ropa cómoda, medicinas necesarias y una mochila pequeña para el día a día.
- Apunta lo importante a mano: Direcciones clave, teléfonos y frases útiles en el idioma local siempre son un respaldo.
- Mantén un ritmo tranquilo: No intentes abarcar demasiado; disfruta del viaje a tu propio ritmo.
- Sé sociable, pero precavido: Habla con otras personas para enriquecer la experiencia, pero cuida tus pertenencias.
- Familiarízate con las costumbres locales: Conocer normas y tradiciones evita malentendidos y te ayuda a integrarte.
- Confía en ti mismo: Viajar solo es un reto y una oportunidad para descubrir tu capacidad de adaptación y resiliencia.
¿Demasiado tarde para viajar?
Nos dicen que, al llegar a cierta edad, las aventuras quedan atrás, que el cuerpo ya no da para más. Pero Felipe me enseñó algo importante: la edad no es lo que te frena; lo que te detiene es el miedo.
Viajar no es solo ver sitios nuevos o cruzar continentes. Viajar es seguir buscando lo que hace que cada día sea especial. Porque al final, no se trata de contar años, sino de coleccionar historias.
Texto y fotografías: Santino Álvarez

