En el corazón de Senegal, los baobabs emergen como gigantescos guardianes silenciosos que marcan el paisaje con su presencia imponente y su historia milenaria.

Estos raros árboles no solo son fascinantes por su aspecto, sino también por su profundo significado cultural y espiritual para las comunidades locales.
Había escuchado hablar del baobab, ese legendario árbol que además de las tierras, puebla los cuentos y las leyendas africanas, pero no fue hasta que mis pies tocaron la tierra roja de Senegal que tuve la oportunidad de verlos en persona.
Mi viaje, que comenzó con la intención de explorar las culturas y paisajes del África Occidental, me llevó hasta un pequeño pueblecito situado en la región de Thiès, Joal-Fadiouth, donde me habían dicho que se encontraba el Baobab Sacré, el más grande de Senegal. Este maravilloso, imponente y majestuoso árbol, sin hacer nada, iba a convertirse en el protagonista de mi día incluso en uno de mis recuerdos mas preciados de sobre Senegal.
El Gran Baobab Sagrado de Senegal: El Guardián Milenario
Había llegado a la zona la tarde anterior, en transporte compartido procedente de Dakar y con tal de explorar tranquilamente los alrededores, para el día siguiente conseguí alquilar una pequeña moto en el mismo alojamiento.
Esa mañana salí temprano, la suave brisa de la mañana acariciaba mi rostro y el impresionante paisaje a mi alrededor, me hizo sentir aún más conectado con el entorno. Durante el paseo matutino fui atravesando alguna pequeña población, zonas áridas y algunos bosques.
El trayecto discurría por una estrecha carretera, en la que apenas me cruce con otros vehículos. Sin embargo si que me cruzaba con viandantes, la mayoría de ellos eran niños y niñas en edad escolar dirigiéndose hacia los colegios. Yo les saludaba con dos toques del claxon al que me respondían con amplias sonrisas. Durante el trayecto hubo momentos que incluso, a propia voluntad, me salia de la carretera y me metía por senderos de tierra atraído por alguna cosa que llamaba mi atención. Luego volvía a la carretera. A veces, los cientos de baobabs situados a ambos lados de la carretera semejaban columnas aguantando el cielo.
Aunque para protegerme del polvo en suspensión llevaba puesta una braga, perfectamente podía notar el olor terroso y ligeramente dulce de las hojas secas, mezclado con el aroma fresco de la savia que rezumaba de los troncos.
En un momento, mientras conducía tuve un déjà vu, a mi mente vino la primera vez que oí la palabra «baobab». Recordé que había sido en Valencia, mi ciudad de residencia, donde una discoteca/terraza de verano, a la que yo acudía con bastante frecuencia y que a día de hoy no sé si aún existe, llevaba ese nombre «Baobab». Aunque por entonces el nombre ya me resultaba curioso y muy original, nunca imaginé que podría tratarse del nombre de un árbol tan importante.
Después de inspeccionar un poco la zona y comer tranquilamente en una *Tangana, en la que el olor del pescado asado se mezclaba con el de las especias locales, me dirigí hacia Fadial, el lugar donde se ubica el mágico árbol.
El Baobab Sagrado de Senegal puede verse desde una gran distancia, ya que se alza en medio de una explanada únicamente rodeado por unas cuantas casetas, de rudimentaria construcción, que albergan tiendas de souvenirs de objetos artesanales. El lugar es bastante frecuentado por turistas y curiosos, y el aire tenia un aroma extraño para mi, creo que podría ser debido a la mezcla de incienso y de los aceites esenciales que vendían los artesanos.
Al llegar al camino de tierra que conduce al monumental árbol salí de la carretera y aunque aún quedaban unos metros hasta llegar a él, aparqué la moto casi al borde de esta, giré la llave para desconectar su motor y por unos instantes seguí ahí contemplando el descomunal tamaño del Baobab.
Pasados unos minutos bajé de la moto y me acerqué caminando con calma. En ese momento, no había apenas vendedores, ni turistas, ni coches y el silencioso ambiente unicamente se interrumpía con el crujir de la arenisca bajo mis botas en cada paso que daba. En mi interior una mezcla de sentimientos, de asombro y reverencia, me embargaba. Por primera vez en mi vida ante mí tenía al famoso y gigantesco Baobab Sacré de Fadial.
Este árbol no era un árbol cualquiera. El baobab se erigía colosal como un antiguo guardián, una presencia viva que había visto pasar los siglos, testigo de generaciones y eventos históricos. Su tronco, retorcido y lleno de enormes nudos, era tan ancho que se habrían necesitado al menos dos docenas de personas para rodearlo completamente. Las ramas se extendían como tentáculos hacia el cielo.
Aunque es un árbol de hoja caduca, en ese momento, febrero, estaba ya totalmente lleno de hojas. La hojas le van saliendo desde noviembre y estaba a punto de florecer, ya que lo hacen a principios de la primavera. Aun así podía olerse la fresca fragancia de algunas pocas flores que habían comenzado a brotar. Caídos a su alrededor, quedaban algunos viejos y secos frutos uno de los cuales pude tomar en mis manos. Es una especie de tallo largo con un fruto en la punta. El tamaño, en seco, es mediano y cabe palma de la mano. Vi fotos en fresco y asemeja una especie de berenjena de tamaño mediano.
Historias y curiosidades del Baobab
Entre todas las personas que se encontraban allí (vendedores), me acerqué y me senté al lado de un hombre mayor que estaba sentado en una silla en uno de los laterales. Su rostro mostraba las arrugas de muchas sonrisas y sus ojos reflejaban los años vividos; él me miró sin demasiado interés y me saludó de la misma manera. Le expliqué, con mi francés rudimentario y muchas gesticulaciones, que era un viajero fascinado por el baobab. ¡Tenias que haberme visto! Un circo. Debí hacerle mucha gracia ya que comenzó a reír a carcajadas, aunque eso si, mientras reía seguía sentado tranquilamente bajo la sombra del gigante.
Cuando por fin terminó con el ataque risa pudo hablar — «Este baobab ha estado aquí más tiempo del que cualquiera puede recordar«, me dijo con voz suave pero firme. — «Dicen que los dioses lo plantaron al revés como castigo por su vanidad, y ahora sus raíces están mirando al cielo».
El baobab está rodeado de leyendas y creencias. Incluso se cree que albergan espíritus y que son puntos de conexión entre el cielo y la tierra. Las historias sobre estos árboles varían, pero todas coinciden en atribuirles un aura de misterio.
Mientras el hombre me hablaba, sentí como si el árbol mismo nos estuviera escuchando, como si sus raíces en el cielo absorbieran no solo el agua, sino también las historias y los sueños de aquellos que se habían refugiado bajo su sombra a lo largo de los siglos.


El hombre continuó contándome cómo el baobab proporcionaba no solo sombra y refugio, sino también alimento y medicinas. La pulpa de su fruto, rica en vitamina C, es un manjar, y sus hojas y corteza son utilizadas en remedios tradicionales. Además, me explicó que el baobab puede almacenar miles de litros de agua en su tronco esponjoso, lo que le permite sobrevivir en condiciones de sequía extrema.
Aunque te resulte extraño este árbol fue usado como cementerio, práctica que se prohibió tras la independencia de Senegal. En sus huecos inferiores se enterraban principalmente a los griots, músicos ambulantes que contaban historias a través de sus canciones. Los agricultores creían que enterrar a los griots junto a ellos en los cementerios convencionales provocaría sequías y malas cosechas, por lo que optaron por utilizar los huecos de los baobabs. A día de hoy, en algunos de estos huecos, aun se siguen encontrado restos óseos humanos.
El árbol juega un papel importante en la vida de la población. Aparte de que es maravilloso contemplar su belleza tan especial, es uno de los más longevos del mundo, ya que viven más de 2000 años. Incluso hay estudios que aseguran que pueden llegar a alcanzar muchos mas. Este concretamente se sabe que tiene casi 900 años.
Uno de los seres vivos más longevos e impresionantes de nuestro planeta curiosamente es un baobab que se encuentra en la provincia de Limpopo en Sudáfrica y ya ha cumplido los 6.000 años de vida. Este anciano, como podrás imaginarte, cada año recibía miles de visitas. Su tamaño era tan colosal que incluso en su interior construyeron un pub. ¡Qué locura! Desgraciadamente en 2016 diferentes partes del tronco del gigantesco árbol se rompieron y cayeron. Hoy en día solo queda en pie una de las secciones del tronco.
Del baobab se utiliza prácticamente todo. De la corteza de su fruto se hacen recipientes artesanales que sirven como vasos para beber. Del propio fruto del baobab se prepara un zumo y helado riquísimo, conocido como pan de monos. Su fibra se utiliza, por ejemplo, para fabricar cuerdas, techos, paredes de la casa e incluso telas. Los brotes y raíces jóvenes se consumen como si fuesen vegetales.
El árbol también tiene propiedades medicinales. La más utilizada es una infusión que se realiza con sus hojas secas. Esta infusión es muy efectiva para cortar la diarrea y también sirve como medicina tradicional contra fiebre y malaria. Pero no solo el ser humano saca provecho del baobab, muchos animales se alimentan y beben de su esponjosa madera que guarda el agua como si de una gigante fuente se tratase. Los murciélagos también juegan un papel importante con los baobab ya que se encargan de la polinización.
En Senegal, muchos baobabs han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco debido a su importancia ecológica y cultural. Este árbol legendario puede llegar a alcanzar los 30 metros de altura, y sus flores son hermafroditas, una peculiaridad fascinante que agrega misticismo a su leyenda.
Alrededor de estos árboles existen también varias supersticiones. Una de ellas es no maldecir ni pegar a nadie bajo un baobab porque trae muy mala suerte.
Para la población senegalesa, el baobab es un árbol muy respetado y admirable. Tanto que en todos los poblados se escoge un baobab, el más grande, y ese es el que utiliza la comunidad de más edad y la gente sabia para reunirse bajo él a tomar importantes decisiones e incluso realizar sacrificios.
— «Este árbol es nuestra vida», dijo, y lo respetamos como a un ancestro.
Los Baobab y el turismo
Pasé un largo tiempo allí, bajo el baobab, escuchando historias y observando cómo el sol se ponía pintando la tierra con sus alargadas sombras. Mientras tanto, varios grupos de turistas, con sus respectivos guías, iban llegando para admirar este prodigio de la naturaleza.
Los turistas llegaban, se acercaban al Baobab Sagrado y se hacían las típicas fotos de rigor. Aunque una vez dentro del tronco hay suficiente espacio para ponerse de pie solo algunos pocos, los más valientes y «delgados», se aventuraban a deslizarse a través del angosto agujero en el tronco hacia el interior (yo no fui uno de esos valientes).
Al terminar de tocarlo, hacerse las fotos e introducirse en su interior todos hacían lo mismo, daban una vuelta por las tiendas, acosados por los ávidos vendedores, que con suerte les endosaban algún souvenir, y a los pocos minutos se marchaban sin mas. Yo únicamente disfrutaba, una y otra vez, del curioso espectáculo sentado al lado de mi nuevo amigo, que me miraba con complicidad.


Cuando el grupo finalmente se marchaba, los vendedores rápidamente venían a sentarse junto a nosotros. Hablaban y reían, quizás contentos por las ventas realizadas. El aroma del incienso y los aceites esenciales volvía a llenar el aire, creando nuevamente una atmósfera tranquila y relajante.
Imagino que les resultaba raro que un turista se sentase ahí tanto tiempo sin hacer nada. Pensarían que muy normal yo no era, por eso quizás en ningún momento me ofrecieron venderme nada e incluso me invitaban a tomar y comer de algunas cosas que iban sacando mientras esperaban el siguiente grupo.
Y es que aunque los turistas hagamos cosas muy raras, incluido yo, somos una importante fuente de ingresos para la comunidad local de los lugares que visitamos y en África, especialmente en Senegal se nos trata muy bien.
Despedida del Baobab Sagrado
Desde donde estaba sentado podía ver el horizonte lleno de baobabs. Sus siluetas, recortadas contra el cielo, ofrecían una original postal, un regalo de la madre tierra que me dejó sin aliento. Sentí una profunda conexión con ese lugar y también con su gente. Me di cuenta que en Senegal el baobab no es solo un árbol, sino un símbolo de resistencia, sabiduría y comunidad.
Al despedirme de Amadou, que así se llamaba el hombre que tan amablemente me contó historias y todas estas curiosidades, y del árbol, les prometí volver algún día. Me subí a la moto y con una inusual felicidad, nuevamente recorrí los caminos polvorientos que me llevarían hasta mi alojamiento Auberge le Djembé, situado frente al mar, a tan solo unos 10 kilómetros en la cercana localidad de Joal-Fadiout.
A mi paso, el sol iba poniéndose detrás de los baobabs en el horizonte, creando una imagen mágica que nunca olvidaré. El aroma de la tierra calentada todo el día por el sol y las flores de baobab quedaba en el aire, un recuerdo olfativo de una experiencia inolvidable.
He viajado a muchas tierras, he visto miles de maravillas, tanto naturales como culturales, pero aquel encuentro con el Baobab Sagrado me recordó la importancia de la humildad y la conexión con la tierra del ser humano y las historias que nos preceden.
Preservar y cuidar
A pesar de su notable resistencia y longevidad, los baobab enfrentan amenazas graves debido al cambio climático y la actividad humana.
Es crucial promover la conservación de los baobabs para asegurar que continúen siendo parte integral del paisaje y la cultura africana. Estos árboles no solo tienen un valor ecológico incalculable, sino que también poseen una profunda importancia cultural, histórica y económica para las comunidades locales. Los baobabs son fuente de alimento, medicinas tradicionales y materiales para la construcción y el arte. Asimismo, son símbolos de resiliencia y sabiduría en muchas tradiciones africanas.
La desaparición de los baobabs tendría un impacto ambiental devastador, afectando el clima local, la conservación del suelo y la biodiversidad, así como consecuencias socioeconómicas negativas para las comunidades que dependen de ellos.
Recuerda que como turistas, tenemos la obligación de preservar y cuidar los entornos a los que viajamos. Esto incluye respetar y proteger la flora y fauna locales, apoyar políticas y prácticas de conservación efectivas, y promover el desarrollo sostenible. Solo a través de un esfuerzo concertado y comprometido podremos asegurar que los baobabs y otros tesoros naturales continúen siendo un legado vivo para las futuras generaciones.
Cierro los ojos
Cada vez que cierro los ojos y pienso en Senegal, además de su encantadora gente, me acuerdo del Baobab Sagrado, majestuoso bajo el cielo africano. Un recordatorio eterno de que, a veces, los guardianes más poderosos de nuestra historia y cultura son aquellos que han permanecido enraizados durante siglos, observando y protegiendo en silencio.
*Tangana: Pequeños locales de Street Food muy populares en Senegal. Baratos y muy auténticos donde se cocina comida tradicional en directo.
Si necesitas ampliar cualquier información sobre algún punto en concreto no dudes en consultarme por privado en mis redes sociales. Me encontrarás en las principales: Facebook, Instragram (en la que últimamente estoy muy activo. Robaron mi cuenta y tengo una nueva) y también en X @santinoalvarez
Texto y Fotografías: Santino Álvarez







Amigo
Que saudades !
Acredite ou não fui visitar uma cidadezinha aqui perto da cidade de mamãe e na praça tem dois Baobás pequenos mas lindos demais
Não sabia que eram Baobás e isso foi semana passada
Nossa sincronicidade e’ forte !
Eu peguei um dos frutos que estavam no chão e trouxe para ver se vai brotar
A conexão com essa árvore foi enorme e não parei de tirar os olhos dela
Assim como você sou extremamente emotiva e valorizo demasiadamente a preservação de árvores
Sou amante delas e converso com elas . Baobá e’ sem dúvida um marco em nossas histórias. Vou te mandar gritos das que vi aquie me bateu uma vontade enorme de estar aí seu lado , explorando tudnusso
Ainda vamos fazer mais viajens juntos
Eu te amo enormemente e sinto muito sua falta
Você e’ um poeta nato e sabe se expressar de forma que nos faz sentir ao seu lado
Estamos juntos amore
Qué alegría saber de tu descubrimiento de los baobabs! Increíble coincidencia. Me emociona tu conexión con estos árboles.
También extraño nuestras aventuras. Aprecio mucho tu amistad, gracias por tus bonitas palabras.
I love u 😍